By Rocio Esparza. For the English version, click here.
Llegar a un nuevo país implica empezar de cero, tomar decisiones difíciles y, muchas veces, reinventarse. Para muchas mujeres inmigrantes, el camino hacia el emprendimiento nace no solo de la necesidad, sino del amor profundo por su familia.
Esta es la historia de Rosa María Suárez, dueña de Pasitos Childcare en Grand Island, Nebraska, quien convirtió el sacrificio en propósito y el amor en un negocio que hoy impacta a toda su comunidad.
En febrero de 2010, tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: emigrar a los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades para su familia. “Vine por mejores oportunidades para mi familia”, comentó Rosa María Suárez.
Como muchas madres, su motor siempre ha sido el bienestar de sus hijos. Sin embargo, el camino no fue fácil. Durante un tiempo, trabajó en una procesadora de carne, un empleo físicamente exigente que la dejaba agotada al final de cada jornada y, en muchas ocasiones, con dolor físico acumulado.
A pesar de ese esfuerzo, el ingreso que recibía apenas alcanzaba. “Lo que ganaba en mi trabajo no era mucho y terminaba pagándolo con el cuidado de mis hijas”, explicó Rosa María.
Fue entonces cuando se enfrentó a una realidad difícil, pero reveladora: estaba sacrificando su salud, su tiempo y su presencia como madre, solo para poder pagarle a alguien más por cuidar a sus niñas. Ese momento marcó un antes y un después. “Decidí estar más tiempo con ellas y quedarme en casa, pero también sabía que necesitaba generar ingresos”, agregó.
Así, tomó una decisión consciente: priorizar su rol como madre, educar a sus hijas y brindarles una crianza presente, mientras buscaba una alternativa para salir adelante.
Antes de convertirse en proveedora, hubo un momento clave que sembró la idea.
“La primera vez que pasó por mi mente que yo podía ser proveedora de cuidado infantil fue cuando asistí a una conferencia patrocinada por el Center for Rural Affairs aquí en Grand Island”, compartió Rosa María Suárez. Ese espacio no solo le brindó información, sino una nueva perspectiva. “Recibí información muy poderosa. Regresé a mi casa llena de inspiración”, recordó. A partir de ese momento, algo cambió. “Yo quería aprender todo. Me daba mucha ilusión ser una proveedora de cuidado infantil con licencia, pero sobre todo, capacitada”, agregó.
Esa chispa inicial fue el comienzo de un camino que hoy se ha convertido en un negocio sólido y en un servicio esencial para su comunidad.
En agosto de 2023, obtuvo su licencia oficial como proveedora de cuidado infantil, formalizando un camino que ya venía construyendo desde años atrás. “Ya tenía bastante experiencia, desde México trabajaba en escuelas privadas, y además soy mamá de cuatro hijos”, comentó Rosa María.Esa combinación de experiencia profesional y vida personal se convirtió en la base de su negocio.
Al comparar el cuidado infantil entre Estados Unidos y su país de origen, reconoce que existen diferencias importantes. “Sí hay mucha diferencia, aquí existen más regulaciones y recursos que ayudan a mejorar la calidad del cuidado infantil”, explicó. Sin embargo, también destaca algo esencial: “La similitud es que en ambos lugares se busca la seguridad, atención y amor que se les da a los niños”.
Hoy, su guardería atiende a seis familias y opera a su máxima capacidad, ofreciendo cuidado a ocho niños de tiempo completo y dos adicionales en horario after-school. “Tenemos el cupo lleno”, comentó con orgullo. Cuenta con el apoyo de una asistente sustituta y ofrece un horario que responde a la realidad de muchas familias trabajadoras: de lunes a viernes, de 5:00 a.m. a 5:00 p.m.
Su participación en el Childcare Accelerator Program representó un paso clave en su crecimiento.
“Fue una experiencia positiva y muy provechosa, ya que obtuve recursos importantes para mejorar mi programa”, señaló Rosa María. A través del programa, adquirió herramientas en administración, finanzas, seguridad infantil y planeación de actividades. Además, el acceso a una subvención le permitió fortalecer su negocio y expandir sus servicios.
Con el apoyo recibido, tomó una decisión estratégica: “Compré una camioneta para brindar el servicio de transporte a más familias”, explicó. Esta inversión no solo fortalece su negocio, sino que responde directamente a una necesidad real en su comunidad.
Para ella, ser proveedora de cuidado infantil va mucho más allá de un ingreso. “Hago lo que me gusta, que es trabajar con los niños, poner un granito en su formación y desarrollo, y celebrar sus logros”, compartió. Su mayor satisfacción es ver crecer ese pequeño mundo que ha creado. “Me llena mucho ver ese gran mundo pequeño que tenemos en mi guardería, creando un ambiente seguro, limpio, armonioso y divertido”.
Como todo emprendimiento, el camino también tiene retos. “Uno de los desafíos es mantener el equilibrio entre mi negocio y mi vida personal”, comentó. El trabajo no termina cuando cierra sus puertas. “Este trabajo no termina a las 5:00 p.m., siempre hay actividades, compras y entrenamientos después del horario”.
La historia de Rosa María Suárez no es solo sobre abrir un negocio. Es sobre tomar decisiones valientes, priorizar lo que realmente importa y convertir los desafíos en oportunidades.
Hoy, Pasitos Childcare no solo cuida niños. Apoya a las familias, fortalece la comunidad y demuestra que, cuando el propósito es claro, el impacto es inevitable.